En este contexto, el índice Merval de la Bolsa porteña retrocedió otro 2,5%, con lo que perforó el nivel de los 11.000 puntos (cerró en 10.954,2) y pasó a tener un saldo negativo superior al 1% en lo que va del mes.
El derrape se inició en el exterior, apenas los principales ADR locales abrieron la rueda en Wall Street con bajas del 3 al 4%, que no tardaron en replicarse a nivel local.
El ajuste de precios volvió a ser generalizado, pero tuvo mayor peso sobre los papeles más vinculados al petróleo y al negocio financiero, como muestran las bajas del Grupo Galicia (-4,5%), Petrobras (-3,8%), BBVA-Francés (-3,5%), Banco Macro (-2,8%) e YPF (-2,5%), entre otras.
La sensación es que la plaza accionaria difícilmente encuentre motivos para desmarcarse de la tendencia bajista que afecta al resto de los mercados y de la presión que sufren particularmente los países emergentes, dado el impacto que este juego de pinzas (comprador chino posiblemente averiado y dólar en alza) está mostrando sobre las commodities.
Lo que impresiona es lo del crudo: ayer el barril de WTI se hundió otro 4,3%, para cerrar a US$ 40,80, su menor precio en seis años y medio. Pero lo que más preocupa aquí es que se sumó la soja a los derrapes: ayer perdió otro 1,1% para cerrar la tonelada a US$ 332 en Chicago, valor que no tocaba desde octubre de 2009.
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