La recaudación de impuestos del año pasado fue menor que la inflación. Es la primera vez que sucede desde que el kirchnerismo está en el poder. Para Juan Carlos Fábrega, el presidente del Banco Central, es una novedad desagradable. Deberá reforzar la emisión para solventar al Tesoro. Más emisión es más inflación.
Echegaray informó que el Estado mejoró sus ingresos un 26,3%. Pero la inflación se aceleró, según el índice que elabora el gobierno porteño, un 28,8%. Se registra, entonces, una caída real de 2,5 puntos, que sería mayor si se considerara también que el año pasado el PBI creció 3%.
Es posible que a Echegaray estos números no le quiten el sueño. Está más interesado en descubrir cómo se filtraron los detalles de su viaje a Río, que pensaba terminar en Dubai. Es un capítulo por el cual no culpa a Héctor Magnetto, sino a otro empresario de medios, gravitante en el mundo de los juegos de azar.
Si Echegaray no estuviera distraído en esas pesquisas, advertiría que la colecta de 2013 es inquietante cuando se la compara con el gasto público. El 26,3% de aumento de los ingresos debe ser comparado con alrededor de un 35% de aumento en los egresos. El año pasado cerró con un déficit fiscal cercano al 4,6% del PBI. Pero si se observa el lapso septiembre-noviembre, ese déficit trepó hasta un 7% del PBI.
Los funcionarios no hablan de este problema. Los superávits gemelos se convirtieron en una pareja mitológica, como Cástor y Pólux o Rómulo y Remo. El desequilibrio de las cuentas públicas adquirió una dimensión peligrosa. Sobre todo por el método que el Gobierno adopta para financiarlo. Este nuevo año habrá más emisión. Es decir, el Banco Central transferirá al público más pesos. Y el público intentará deshacerse de ellos, comprando bienes o dólares. De modo que habrá que esperar más inflación y más caída de reservas, los problemas principales de la economía.
Axel Kicillof y su escudero Augusto Costa, el secretario de Comercio, tienen suerte: en su mundo no hay inflación. Sólo "dispersión de precios". Un fenómeno que no está relacionado con la emisión, sino con el abuso de los productores y comerciantes. Uno de los axiomas centrales de estos economistas es que los precios no derivan del juego de la oferta y la demanda. Son el resultado de agregar a los costos una rentabilidad razonable. Las subas desmedidas se deben a la perversidad de los empresarios, que ejecutan una "apropiación exagerada de la renta", como dice Jorge Capitanich. Guillermo Moreno tenía la misma concepción, Sólo que para evitar la "apropiación exagerada" no daba conferencias con Costa: mandaba a "Acero" Cali.
Esta teoría no consigue resolver algunas incógnitas. Por ejemplo: ¿por qué en los años 90 no había inflación y ahora sí? ¿Menem habrá sido más eficaz que los Kirchner en tener a raya la voracidad empresarial? Ajenos a estos dilemas, Kicillof y Costa siguen alimentando de cifras su matriz insumo-producto para determinar cuánto deben valer las cosas. Hasta ahora sólo consiguieron "cuidar" una canasta limitada a 100 productos que se comercian en el área metropolitana. Para el resto del país, explicó Costa, hace falta analizar los costos de transporte, lo que implica detectar dónde se fabrica y dónde se vende cada bien. El secretario está dibujando un mapa interminable, digno de Carlos Argentino Daneri. Kicillof ya intentó hacer uno igual en el sector petrolero, sin éxito. Como la Unión Soviética, él también está amenazado por la insuficiencia del software.
La realidad no está dispuesta a esperar a que la computadora del Palacio de Hacienda complete su proceso. El precio del colectivo en el área metropolitana subió 66%; los combustibles, 9%; los pasajes de avión, 12%, y los servicios de esparcimiento, que son estacionales, 9%. Quiere decir que el "cuidado" de Kicillof y Costa arranca con un incremento aproximado de la inflación del 3%, que anualizado equivaldría a un 43%.
Agradecimiento y fuente: Carlos Pagni para Diario la Nacion
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