Las políticas oficiales para quedarse con el oro verde desbordaron el relato. La devaluación de enero de 2014, que superó el 30% en promedio, licuó salarios. La posterior suba de tasas y de tarifas (agua y gas) impulsó al enfriamiento de la economía. La caída del PBI fue de más del 3% en el tercer trimestre del año. El ajuste fue social: más paros, suspensiones y despidos. Las trabas a las importaciones derivaron en el desabastecimiento de insumos básicos, pero también coartaron la oferta: las fábricas no conseguían las partes importadas para producir.
"Están encanutando autos", gritó la presidenta Cristina Kirchner. En realidad, las empresas encanutan dólares (70% del auto es importado). Son firmas que tienen deudas de más de US$ 5000 millones con sus proveedores externos y rezan por que no exista un nuevo "corrimiento cambiaro", como llamó Kicillof a su devaluación.
El tipo de cambio multilateral es el más bajo en tiempos del kirchnerismo, lo que ya afecta a algunas economías regionales y sus exportaciones. Como en 2013, los productores retrasan sus liquidaciones y los importadores acelerarían sus compras si mejorara la economía y no se hubieran acentuado las trabas.
¿Devaluará Cristina Kichner? Todo indica que la apuesta oficial de 2015 será el atraso cambiario para anclar la inflación (y las paritarias) y mejorar el consumo. Para eso, el Gobierno cuenta con algunos dólares alquilados, que ya vuelca a Tierra del Fuego y a la industria de las motos, sólo para sostener el nivel de la industrial y sus empleos en tiempos de elecciones
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